¿Y las otras ideas?

Carlos Azcuaga

Comparado a otros medios audiovisuales profesionales en México, el sector de la producción animada es de lo más pequeño y menos organizado que me he encontrado. Pero debo decir que, conociéndonos poco a poco, cada vez estoy más convencido de que hemos puesto de cabeza aquél famoso dicho: no somos muchos, pero sí que somos machos. Aún siendo un medio pequeño, la cantidad de animación que se produce aquí es significativa. No tengo datos -hablo desde mi percepción- pero estoy pensando en los casi 120 millones de consumidores que somos y en los pedacitos animados publicitarios que se producen para todos ellos. No es exagerado decir que solamente ese volumen de publicidad animada nos sostiene como industria, para bien o para mal, nos guste o no nos guste. A pesar de haber tanta producción, sin embargo, no puedo dejar de percibir el todo de la producción de animación en México como nada más que un montón de esfuerzos aislados diversos (un canal de televisión por aquí, un festival por allá, un blog-comunidad por acuyá), que lamentablemente, no parecen sumar nada. Siento que llevamos demasiado tiempo al borde de construir una industria interesante. Se siente cerca y cada vez más cerca, pero no parece cuajar nunca y la montaña de naipes vuelve a desmoronarse para dejarnos otra vez con ese montón de pequeños esfuerzos aislados, un poquito más desilusionados cada vez. Talento no falta. Si de algo me he dado cuenta desde que me dedico a ésto en México es que tenemos gente talentosa de sobra. Tenemos de todo, ilustradores, animadores, modeladores, motionographers, editores, pintores, es decir, tenemos cualquier cantidad de manos para ejecutar, en el más alto nivel técnico y con los mejores resultados, cualquier idea que se nos ocurra. Todos, o casi todos, están trabajando miles de ideas para publicidad. Mi pregunta es, entonces... ¿y las otras ideas? Pensando en todo lo que sí tenemos, parecen faltarnos realizadores. ¿Dónde están nuestras series de televisión animadas originales? ¿Por qué no estamos siendo capaces de proponer largometrajes propositivos e innovadores, cine que no necesite ser una imitación barata de otro cine que se hace en Norteamérica para que atraer inversionistas? ¿O por qué no podemos convencerlos, perfeccionando nuestra habilidad para gestionar proyectos, de que hay otros caminos posibles que no olvidan las posibilidades comerciales? Si me permiten la comparación a continuación, tuve la oportunidad de trabajar unos meses en Colombia. Puedo constatar que allá no hay, en términos generales, ni más ni mejor talento que el que tenemos en México. Sin embargo, su industria animada, al menos de entrada la que podemos observar en su televisión pública, está a años luz de la nuestra. ¿Y sus largometrajes? Digamos que en lugar de perpetuar líneas ideológicas, visuales y de contenido que no aporta nada culturalmente, encontramos ejemplos alternativos como “Pequeñas Voces” (más baratos, más innovadores) que la sacan del estadio internacionalmente. Fin del ejemplo. ¿Qué diferencia veo yo, desde mi humilde punto de vista, entre Colombia y México? Formación, sólo eso. ¿De dónde vamos a sacar mejores ideas, si no tenemos una idea clara de lo que se ha hecho antes, si no entendemos el estado del arte actual en base a nuestro propio contexto? Suelo decir en clase a mis alumnos que cualquiera -cualquiera- puede sentarse horas frente a una máquina y aprender a usarla. ¿Pero idear algo? ¿Ser original? Para eso hace falta pensar, estudiar, conocer, inventar, probar. No técnicamente, sino filosófica, estética, artística, social e incluso, me aviento a decir, con perdón de ustedes, espiritualmente. Digamos que, como yo lo veo, una carrera profesional (entendida como todo un hacer profesional a lo largo de los años, no como un programa académico concreto) debe ser diversa, debe ser a partes iguales académica, artística, social y técnica. Debemos ver tantas películas, cortometrajes y demás piezas animadas como podamos conseguir, y soñar con producir tantas como las que veamos. Pero más que eso, debemos aprender sobre ellas, con ellas. Debemos aprender a verlas como profesionales, en todas sus implicaciones, no como simples espectadores, acríticos, maleables y contundentemente homogéneos. Me pidieron escribir este artículo para promover un curso sencillo-pero-ambicioso de Apreciación Crítica e Histórica del Cine de Animación (la información, supongo, la pondrán en algún enlace por ahí), uno más de estos esfuerzos aislados de gente talentosa que lo que busca es generar industria, o mejor dicho, aportar otro poquito a que cuaje la que hay. No sé si lo he logrado. En todo caso, los invito a ver y a pensar. Luego a ver más y a pensar mejor. Los invito a formarse y a que decidan por ustedes mismos si la “formación profesional” que deseamos tiene que ser estrictamente técnica, y si pensarlo así nos llevará a buen puerto como profesionales. Los invito a decidir por ustedes mismos si esa formación no debiera ser más académica, artística, social y espiritual, y si la ausencia de todo ésto en nuestros profesionales es lo que no nos permite solidificarnos como industria. México, tenemos a los más “machos” de todos. Lo que necesitamos ahora son mejores Ideas.

#artic #cursos #escuela #animaciónmexicana

Últimos Posts

NUESTROS SITIOS:

NUESTRAS REDES:

  • Facebook - White Circle
  • Twitter - White Circle
  • Instagram - White Circle
  • Vimeo - White Circle
  • YouTube - White Circle
  • issuu.png
  • Periscope.png
  • Flickr - White Circle
  • Snapchat - White Circle

Algunos Derechos están reservados

Pixelatl 2012-2015